El caso de La Borda. Viviendas cooperativas.

El pasado día 6-02-17 El País publicaba un artículo sobre el caso de las viviendas colectivas que se va a poner en marcha en La Borda.

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Pioneros de una nueva forma de acceder a la vivienda La Borda, la primera cooperativa de viviendas en cesión de uso, listo para comenzar las obras en Can Batlló

“Son pioneros de un modelo de acceso a la vivienda habitual en países como Dinamarca o Uruguay que ha llegado a Barcelona para quedarse. La Borda, la primera cooperativa de viviendas en régimen de cesión de uso comenzará la próxima semana las obras de su edificio en el recinto industrial de Can Batlló, en Sants. Serán 28 pisos sobre suelo municipal impulsados, y pensados hasta el último detalle, para la cooperativa que forman sus propios habitantes. 28 unidades de convivencia entre las que hay desde jubilados hasta familias con hijos pequeños, pasando por amigos que compartirán el espacio o personas solas. El edificio, de madera, replicará la forma de las corralas, con un patio en medio, y tendrá, además de pisos de tres tamaños, zonas comunes, como una gran sala, la lavandería o una gran cocina.

La base de todo es dar a la vivienda valor de uso, no como mercancía, porque los pisos no podrán venderse ni alquilarse. El edificio se construirá sobre un suelo municipal cedido a la cooperativa por 75 años. La propiedad, pues, no es individual sino colectiva. Como es colectiva y asamblearia la gestión del día a día es de la comunidad. Sus habitantes son socios y pagarán entre 14.000 y 16.000 euros de entrada y un importe mensual, el equivalente a un alquiler por vivir mientras ocupen las viviendas. Las viviendas no se pueden revender o realquilar: si algún socio se quisiera ir, recuperaría la aportación inicial y la vivienda sería ocupado por otro. Todos los habitantes tienen que cumplir los requisitos de ingresos limitados que dan acceso a cualquier vivienda pública.

No es casualidad que la Borda se sitúe en Can Batlló, el recinto industrial que los vecinos ocuparon en 2011 y que su bloque 11 funciona como espacio vecinal autogestionado. Históricamente, y también ahora, Santos ha sido epicentro del cooperativismo en la ciudad. “Cuando entramos había diferentes necesidades en el barrio, culturales, profesionales y también de vivienda: decidimos dar un paso más y construir nosotros un lugar donde vivir”, explica Albert Lozano (38 años), uno de los cooperativistas. “Para mí es una vivienda pero también un proyecto político, para cambiar las fórmulas de acceso a la vivienda, es una forma de incidir, de cambiar. Que la vivienda no sea en propiedad no me preocupa, la crisis inmobiliaria e hipotecaria ha demostrado que era un contrasentido “.

La idea inicial de la Borda era rehabilitar una de las naves del recinto, pero para agilizar los trámites del Ayuntamiento ofreció la cesión del suelo, que se firmó en 2015, a cambio de un canon anual.

El edificio costará tres millones de euros (no llega a 110.000 por vivienda) y se financiará con la aportación inicial de los socios, un préstamo de Coop 57, la emisión de títulos participativos por parte de la propia cooperativa y aportaciones o préstamos de otras entidades. Una de estas entidades es La Dinamo, una fundación que trabaja para la extensión de este modelo de acceso a la vivienda.

María Salas y Xorxe Oural, que tienen 33 y 38 años y dos hijos pequeños, son otra de las unidades de convivencia socias de La Borda. “Hace muchos años que estamos en situación precaria, la crisis para nosotros ya estaba antes de la crisis y para nosotros el acceso a la vivienda era inalcanzable, una utopía. La cooperativa tiene mucho valor como cambio de modelo estructural, de dar valor al uso y no la propiedad “, dice Salas, satisfecha ante la perspectiva de” una casa que nos hemos hecho a medida y nos sentimos nuestra “. Admite la ilusión que le produce que sus hijos se críen en “una pequeña tribu, tener apoyo social, donde podrás contar con las otras familias y se creará más comunidad de lo habitual en las ciudades”.

La cooperativa también creará “un fondo social, con mecanismos de solidaridad interna” por si alguien no pudiera afrontar los gastos, explica Salas. Oural, su pareja, subraya de La Borda que tenga “espacios para la experiencia comunitaria y otros privados”. “No es una comuna hippie, pero hemos sacado espacio privado de las viviendas para aportarlo a los espacios colectivos, como la lavandería”, apunta.

Maria Elena Palau es de los más veteranos que vivirán en La Borda. Maestra jubilada de 63 años, aplaude la idea de la “intergeneracionalidad”. “Si no, estás destinado a terminar en un parking de viejos y yo no lo quiero. Todavía soy joven y los espacios comunes y la apuesta por la colaboración permiten que podamos ayudarnos “. “No tendremos que vivir en plan común, pero tendremos nuestro espacio vital y además en las zonas comunes te encontrarás con mucha gente, ya lo echo de menos”, dice. “La Borda es una comunidad construida desde la base: entre todos lo decidimos todo y tenemos una parte privada y unas posibilidades de vida en común que construiremos entre todos”.

Clara Blanchar, periodista

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